Marzo 27, 2008

El eco de los pasos y el reflejo sombrío a través de la ventana del corredor hacían juego con aquella mañana lluviosa. Su inexpresivo rostro reflejaba el revuelco de emociones y sentimientos, sin dejarle decidir por uno y disfrutar de él. Sin saber cómo actuar en cada ocasión. Demostrando lo demente que estaba al querer permanecer aún con la sangre de su víctima en las ropas que cargaba. Incluso su rostro mostraba vestigios del golpe del jarrón. La herida se había cerrado momentáneamente gracias a la coagulación, y sí, había perdido bastante sangre gracias al corte, pero la adrenalina de ver a aquel joven de cabellos anaranjados fue una satisfacción tan grande que su sonrisa no se borró en varios minutos, incluso al recordarlo lograba crear una mueca en sus labios, intentando evitar el sonreír y reír fuertemente. 

Había dejado el Tanto a propósito. Era un desquiciado y el solo imaginar que Takaki Yuya ahora le buscaría le excitaba. Podría jugar incluso mientras trabajaba. Lo disfrutaría el doble. Cortar esa piel, ver la sangre fluir mientras el desfigurado rostro de Yuya -gracias al dolor- no dejara de mirarle con odio. Se estremecía con tan sólo imaginar cómo el tono de su voz se ahogaría con sangre, sus manos sudaban y su respiración se agitaba, escuchando a su corazón retumbar en su cabeza.


Sus pies descalzos danzaban torpemente mientras intentaba mantener el equilibrio. Cayó contra el pilar que se encontraba entre ambas ventanas, y aunque el golpe punzó fuerte en su hombro debido al choque, fue ignorado. Comenzó con una suave convulsión y una de sus manos cubriendo su boca mientras daba otro paso. Sus ojos, escondidos entre el espeso cabello pegoteado y seco de fluidos, encontraron su reflejo en la ventana, entonces no logró callarlo más. Su risa explotó a lo largo del pasillo, exagerada y enloquecida, mezclándose con otras emociones que deseaban salir de su cuerpo. Las lágrimas le acompañaron consecuencia del poco oxígeno que lograba tomar, retorciendo su vientre en un excitante dolor que le hizo reír mucho más. Hace meses no disfrutaba tanto de un asesinato. Y aunque deseó hacerlo lento su cuerpo se lo impidió al moverse por sí solo. Había planeado de tantas maneras mutilar al asesino de sus padres que ahora se arrepentía de echarlo a perder.

-Alouqua -su rostro giró casi tétricamente al ser llamado. El hombre al ver su satisfactoria y ensangrentada expresión no hizo más que asquearle. Se veía tan sucio, pero dudó en mostrar el asco que sintió. Si había algo que le molestaba de ése adolescente era el goce de quedarse manchado con el fluido de sus víctimas.

-Ah, señor Yaotome -el hombre expresó su descontento al escuchar su apellido, más si el adolescente lo pronunciaba con esa sonrisa espantosa, donde las comisuras de sus labios curvadas hacia arriba dejaban a la vista los dientes. Y los círculos oscuros alrededor de esos ojos vacíos le otorgaban un aspecto amenazante, porque se veían deseosos de sangre.

-Ve a cambiarte y trae el informe a mi oficina -en un tono repulsivo, el hombre de al menos unos 45 años le dio la espalda, regresando por el camino de antes, pero fijándose en las huellas de los pies descalzos del que ahora dejaba atrás. Chasqueó la lengua. Enviaría a alguien a limpiar ese desastre.

Nunca entendería por qué permitieron a un niño con tantos trastornos integrarse a la asociación. Era peligroso para todos. Sabía que el chiquillo era capaz de saltar sobre cualquiera y cometer asesinato sin importarle el rango, por eso mismo las disputas dentro del recinto se formaban cada vez que regresaba. 

Si había algo que Alouqua disfrutaba más, era el jugar con la paciencia de los demás y usar sus pequeños y filosos juguetes en cualquiera que se le lanzara encima. No había regla dentro del lugar, por lo que varios incidentes de agentes heridos no tenían represalias.

Alouqua no era una mujer, ni tampoco una niña a pesar de que su cabello lo mantenía hasta los hombros. Su complexión delgada hacía dudar a muchos y su nombre no ayudaba a resolverlo. Su estatura baja y esa fascinación por la ropa femenina, más la tradicional de Japón, con flores de sakura adornando las telas. Alouqua solo era un nombre puesto dentro de la organización, y le gustaba. Era un adolescente de 15 años con una increíble atracción a la sangre, su color y textura era lo que le gustaba, viscoso, suave. Le gustaba cuando se adhería a su piel pálida, pues le hacía ver más blanco de lo que ya era. 

Ya más tranquilo el chico continuó su camino a paso normal, tarareando una canción de cuna cuando sus ojos vacíos fijaban su destino, en un pasillo tan vacío como él. Aborrecía el silencio, la tranquilidad de aquel lugar y el eco que hacían sus pasos, necesitaba algo más que eso y por ello continuó tarareando y no dejaría de hacerlo hasta llegar a su habitación igual de vacía que él.

..

Sus cabellos anaranjados, notablemente teñidos se mecían acompañando el inquietante movimiento. Sus pasos en círculos comenzaban a desesperar a los presentes. Habían pasado 12 horas desde que su padre fue asesinado y nada habían sacado de todas la pruebas que encontraron, de la descripción clara y detallada que dio de su asesino. No podía ser cualquier persona, debía haber datos de él y lo encontraría porque el honor de su familia estaba en juego. Nadie hasta ahora había logrado llegar a la habitación de su padre con tanta vigilancia, todo era estrictamente revisado. Se habían atrevido a asesinar al líder de los Takaki, y ahora solo quedaba él y su hermana. Nada bueno saldría de esto. 

-Ya detente –Una mano se posó sobre su hombro, pero aun así no detuvo sus movimientos, ahora se escuchaba su inquietante zapato dar en el mismo lugar.

-Inoo –Takaki se escuchó desesperado, estaba a punto del colapso solo por no tener ninguna noticia. Mirar a su fiel amigo expresando pena no le ayudaba en nada- La noticia no demorará en esparcirse. Mi hermana está en Rusia y ahora es cuando menos confío en los guardias. Maldición –Las grandes manos de Takaki se pasearon por su cabello en un intento de quitarse peso de encima.

-Ya hicieron los exámenes de la muestra de sangre.

-¿Y? ¿Ya saben quién es? –Takaki se desesperó por ver los labios del  pelinegro moverse, pero Inoo se los relamió antes de mirar en otra dirección, atento a los que los rodeaban. Eran por lo menos más de una docena de guardaespaldas afuera y dentro de la habitación. Takaki se había encargado de que sus propios especialistas se encargaran del cuerpo de su padre.

-Sí, pero el problema es que esta persona desapareció hace más de dos años Yuya, no hay registros de que esté vivo –Inoo veía imposible que algo así existiera, pero ver el rostro iluminado de su amigo lo ponía nervioso. Esto había sido un atentado a gran escala, matar a un líder de la mafia. Por su parte ni siquiera buscaría venganza por el honor, por lo que no quería que su amigo siguiera las pistas obviamente dejadas por el asesino.

-Pero cómo demonios se llama, sabes que cualquiera puede pasar por muerto –dejándose llevar por la desesperación Yuya tomó de un brazo al pelinegro. Sus estaturas eran casi iguales pero sus miradas diferentes. Yuya era amenazante, todo lo que a su dócil amigo le hacía falta y eso hacía estremecer a Inoo. Amigos de infancia, criados bajo los mismos estatutos y ambos viendo la peste humana.

Kei suspiró tirando de su propio brazo para ser soltado- Chinen Yuri, desapareció después de que asesinaron a sus padres. Yuya –Lo miró con miedo a los ojos- creo que el que los asesinó fue tu padre –Pero aun diciendo aquello Takaki no se quedaría tranquilo hasta conseguir su venganza.

No importaba cuánta atrocidad haya cometido su padre, ni a cuantos haya asesinado. Eso ya no importaba y nunca le importó. Ahora lo más importante era el honor de su clan, porque ahora él sería quién regiría y haría los negocios.


Ya habían pasado siete años en los que Yuya siguió el rastro de Chinen Yuri, pero solo encontró cadáveres siempre casi en el mismo estado que su padre. Ahora tenía fotografías del chico, fecha de nacimiento e inclusive el nombre con el que se hacía llamar, “Alouqua”. Intentó buscar debilidades pero al parecer nada tenía para atraparlo. Tampoco había sido fácil cargar con el negocio de la familia. Su hermana intentó numerosas veces hacerle entrar en razón, pero el honor lo era todo. 


Año 2015. Japón, Tokyo. 
Hotel 4 estrellas Marunouchi

Un hotel de 17 pisos, cerca del distrito comercial Ginza, muy cerca de la Iglesia de los santos, en donde dos chicos de corta edad deberían estar. 

-¡Más fuerte! –entre risas y gemidos uno de ellos no dejaba de balancearse hacia adelante y atrás con el fuerte movimiento de cadera, era el mayor por dos años. Su cabello castaño colgaba alrededor de su rostro, meciéndose junto con él- ¡Maldición! ¡Más fuerte! –su desesperada voz de unía a su entrecejo fruncido al no recibir lo que quería, arrugando las sábanas de esa gran cama entre sus dedos, intentó moverse pero fue inmovilizado de las caderas con fuerza, hasta pensaba en que marcaría su piel y la respiración del chico que tenía detrás se apegó a su oreja, tanto que sentía sus calientes labios chocar contra su piel. Le encantaba.

-Deja de cacarear y cállate de una vez… -su hablar agitado pero en bajo tono era lo que enloquecía al otro, que sin dejar de fruncir el entrecejo cerró los ojos, moviendo las manos sobre la cama, haciendo que la cuerda se apretara mucho más en sus muñecas. Dejaría marca y se gozaría luego al verlas, aunque su piel enrojecida amenazara con sangrar.

-Eres un maldito hijo de puta… –nuevamente rió, abriendo los ojos y volteando un poco el rostro para verle- … siempre me amarras... –con un puchero intentó moverse hacia adelante para sentir otra vez el movimiento del pene en su interior cuando el otro se detuvo- Vamos Ryutaro, muévete más fuerte… Maldición… –sacó su lengua de entre sus labios, lamiéndoselos exageradamente mientras el nombrado le miraba.

-Te he dicho que no me llames así –Con brusquedad Ryutaro tomó los lacios cabellos del mayor y tiró de ellos, dejando su mentón blanquecino en alto, con los labios abiertos y obligándole a mirarle- Sabes que eres una perra –Sin haber soltado su cabello cargó peso, obligando al mayor a hundir el rostro en la cama, donde lo único en alto era su trasero, y aunque le escuchó quejarse no lo liberó porque sabía que una sonrisa marcaba aún su rostro- perra masoquista –Y más risas se escucharon, acompañadas de fuertes gemidos que Ryutaro le sacó cuando le agarró de las caderas con fuerza, y con descaro enterraba los dedos en aquellos glúteos; Comenzó a moverse fuertemente, el choque y el sudor de sus cuerpos creaban un húmedo e íntimo sonido. Ryutaro le veía retorciéndose de placer, le escuchaba gritar, oía esa súplica ardiente, más y más era lo que le escuchaba decir. Tenían sexo, el otro hombre le robaba un par de besos pero él seguía sintiéndose asqueado, era realmente repulsivo y aún así esa perra, como él decía, lo excitaba.

Su glande se frotaba lentamente con la próstata del otro, ocasionándole espasmos cuando las paredes se cerraban fuerte a su alrededor, todo más estrecho. Y para disfrutarlo lo hacía de una manera lenta sujetando con sus dedos fuertemente esas caderas. No le importaba si dejaba marcas, ambos estaban acostumbrados a ello y ahora no sería distinto. 

Un celular comenzó a sonar pero ninguno le tomó importancia, no cuando ambos estaban a punto de correrse. La llamada se cortó pero no demoró en volver a sonar, opacándose el sonido con el fuerte gemido que el de piel más clara soltó al momento de acabar, jadeando fuerte al querer recuperar el aire perdido porque su cuerpo no dejaba de contraerse, y porque el otro no detenía las penetraciones ahora fuertes y completas. Se quejó al sentirle salir sin siquiera escucharle correrse. Primero se escuchó el sonido elástico del látex al ser estirado y luego un húmedo calor se instaló contra sus glúteos, exponiendo aún su entrada palpitante en donde también le sintió. No era lo que quería, frunciendo el ceño mientras la esperma caía por su piel. Disfrutaba el sexo con Ryutaro, pero desearía escucharle gemir mientras se corría. Ahora cada día le costaba más seducirlo, todo porque el chico comenzaba a dejar las drogas, pero él sabía que terminaba cayendo en ellas cuando menos se lo esperaba, aprovechando cada momento porque su sadismo era mucho más fuerte cuando Ryutaro estaba drogado, era agresivo, lo suficientemente como para causarle una herida, aunque fuese pequeña, pero le excitaba.

-Alouqua, responde ese maldito celular –le vio tirarse boca arriba a su lado, sin siquiera mirarle. Sin dejar de estar molesto desató el nudo de una de sus muñecas y se arrastró un poco sobre la cama. Estiró el brazo hacia el piso, tomando aquel pantalón que le pertenecía y sacando el aparato para contestar.

La voz que se escuchó a través de la línea pudo escucharla incluso Ryutaro, que hizo un chasquido con la lengua. Se escuchaba molesta y ambos chicos sabían el por qué, pero ninguno le tomó la suficiente importancia, Yuri se quedó informando la razón de la interrupción de la misión, mientras Ryutaro se ponía de pie para caminar al baño, e incluso Yuri dejó de tomar atención a las palabras de su superior cuando escuchó el pestillo de la puerta del baño y el bolso del menor no estaba en donde lo vio por última vez, poniéndose rápidamente de pie sin soltar el celular y correr un poco adolorido para tomar la perilla.

-Sí señor –fueron las últimas palabras que dijo antes de cortar, tirando el celular a la cama y comenzar a tirar de la perilla- Ryutaro abre la puerta –pero como respuesta recibió el sonido del agua caer contra el piso de la tina. Forzó un poco más antes de rendirse y golear furioso la puerta con una patada- ¡Arioch hijo de puta! –gritó a pesar de saber que Ryutaro no le tomaría en cuenta.

Continuará… 

3 comentarios:

Nuevec Muggle dijo...

Valgame el señor esta bien bueno ;-; quiero y espero la conti, tu fan te espera ;-; me emociona un buen como escribes, es como magico. Gracias por escribir

Nuevec Muggle dijo...

Pd. Regrese para decirte qué es sexy el nombre de alouqua y arioch ewe quiero mas hentai, hard, violencia, etc. Que me tiene muy muy emocionada jiji ya lo relei como tres veces xD

Natarashi dijo...

Ahhh es me gusta mucho Yuya buscando venganza, Yuri amando la sangre, Ryutaro siendo el amante de Chi *~*
Conti onegaii

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