En dos partes


La imagen del hermoso pálido que tenía frente a él solo era un estorbo para lo que realmente le fascinaba. Los labios que antes enseñaban un tono azul con matices morados, ahora se encontraban teñidos de un fuerte escarlata, producto del roce típico en un beso.

Aquellos ojos humanos aún no se abrían pero eso no importaba realmente, Ryutaro podía escuchar cómo la respiración de aquel ser regresaba a la normalidad. Sabía que Yuto no despertaría por varias horas.

-Puedes entrar - apenas Ryutaro dijo aquello las puertas de su habitación se abrieron. Nakayama entró y examinó cada detalle de su cuerpo, aquello le hizo sonreír- ¿Estás tan molesto como para no acercarte?

-Lo sabes. Sabes que lo que hiciste no es bueno, ni para ti ni para él - al escucharlo, la sonrisa de Ryutaro creció. Sí sabía algo, el motivo exacto de sus palabras.



-No intentes engañarme. No lo dices porque te interese realmente su estado -el dragón echó un vistazo al humano que yacía sobre la cama, fijándose en sus labios. Con el pulgar acarició el labio inferior de Yuto, arrastrando la sangre que de a poco comenzaba a espesarse. Sus ojos reflejaban incertidumbre al mirar ese dedo manchado.

Yuma no había dicho nada para defender algo tan cierto usando una mentira. Miraba a Ryutaro con recelo; entonces éste le devolvió la mirada. Ryutaro extendió su brazo, dejando a clara vista el dedo manchado en sangre, buscando el ángulo perfecto. Desde esa distancia los labios de Yuma quedaron ocultos por su dedo, imaginando que los ensuciaba de sangre.

-No tenías que tomar la responsabilidad -dijo Yuma con voz rasposa.

-Es alguien importante -el dragón inclinó la cabeza para observar a Yuto una vez más. Esperaba ver algún tipo de reacción de su parte pero el humano seguía inmóvil - El director debe conocerlo, no lo dejaría morir por la estupidez de Yuri. Además… -sonrió. No se molestó en moverse mucho, fueron sus ojos los que buscaron la fría humedad de esa lengua que repentinamente envolvió su dedo ensangrentado, y para que no se apartara Yuma le tomó la muñeca con una de sus manos, sintiendo inmediato su frialdad. - ¿Acaso no es igual de peligroso que lo bebas? -Su cuerpo fue tumbado en la cama de manera bestial, escuchándose el crujir de la madera. Yuma había sido brusco, pero eso no importaba realmente cuando ya se estaba acostumbrado.

-No me importan los efectos que vayan a tener en mí. -Sus grisaseos ojos intimidaban, pero habían sido tantas las veces que usó esa mirada que el efecto resultó contrario, Ryutaro no podía evitar sonreír, más al ver ése ceño fruncido.

-Eso es la muestra clara de tus celos -Intentó quitar el dedo, pero Yuma forzó el agarre emitiendo un chasquido.

-Ya dije el por qué no me parece todo esto -por una milésima de segundo la criatura de cuerpo frío desvió la mirada, demostrando con ello que sus celos dominaban su actuar. Para Ryutaro era fácil saberlo cuando no acostumbraba sufrir ataques como éste. Yuma estaba celoso y por una razón estúpida; Yuto era un simple humano, tal vez algo especial, pero eso no implicaba que las preferencias de Ryutaro fuesen a cambiar. Lo hacía todo por simple lealtad y de paso se divertía. Fastidiar al vicepresidente era una delicia total.

-¿No pensarás que me voy a creer eso, verdad? – Los años a su lado le habían enseñado mucho, lo conocía profundamente. Sabía lo que pasaba por su cabeza, más cuando esos ojos grises se lo decían al brillar de maneras distintas.

-Cállate –Demandó Yuma. La cabeza de Ryutaro se ladeó, fijándose solo en ésa mirada y en cómo el color de sus ojos se hacía más profundo, oscuro y opaco.

-¿No deberías estar arrodillado ante mí, suplicándome que te toque porque lo que más deseas en tu vida es el calor de mi cuerpo? -No dejó de sonreír. Yuma torció ligeramente los labios, estaba un tanto molesto por esas palabras que en parte eran ciertas. Era capaz de arrodillarse ante Ryutaro con tal de tener a cambió un poco de calor.

-No hay necesidad de eso -fue su respuesta. Ryutaro separó los labios queriendo desafiarle, pero calló y un vapor comenzó a emanar del agarre en su muñeca. Fueron tan solo segundos en que mantuvieron la mirada, hablándose a través de los ojos sin decir una palabra. Ryutaro sentía la humedad en su muñeca por más que intentara quemarle.

-Te podrías quemar -amenazó Ryutaro. Yuma miró el agarre que aún mantenía. A diferencia de Shintaro, el fuego que Ryutaro creaba alrededor de su mano no le quemaría. Era fuerte, pero sabía que no le haría daño, por lo que humedecer su mano era suficiente para no sufrir una quemadura. Ryutaro no era fuerte, no como su hermano. Repentinamente el dragón se acercó a sus labios, le dejó sentir el vaho que salió de su boca al hablarle de cerca -Sé que te gusta -claro que le gustaba. El vapor que se creaba gracias a la humedad de su propio cuerpo lograba generar un calor placentero.

Cuando regresó la vista al presidente éste le penetraba con aquellos ojos tan característicos de un dragón. Iris amarillos que parecían querer seducirle mientras sonreía al notar que Yuma había bajado la mirada a sus labios. Sabía que aún estaban rojos, manchados con su propia sangre.

-Ni lo pienses –susurró Morimoto en un tono deseoso. Un sugerente calor recorrió la espalda del hijo de Ameonna justo cuando comenzaba con una lucha de pensamientos, debatiendo si besar esos labios era correcto. Ryutaro coló la mano bajo su ropa, acariciándole la piel. Aunque para el dragón no fuese agradable sentir frío y humedad al mismo tiempo, se deleitaba con las reacciones de su guardián.

Todo en Ryutaro sabía a delicia. Aún recordaba la primera vez que probó su sangre por accidente, incluso esa ocasión en que Ryutaro en un estado de locura le abofeteó tan fuerte que se hizo daño a sí mismo. El calor que sintió en ése entonces fue el más exquisito que alguna vez probó. Eran sus recuerdos más preciados.

De un momento a otro Yuma se encontraba bajo Ryutaro, sintiéndose extasiado por el aroma del dragón; la esencia en las mantas de la cama que se hallaban bajo su cuerpo comenzaba a envolverle.

Se miraron intensamente, cada uno buscando penetrar los ojos del otro para marcarse mutuamente.

Se trataba de un silencio agradable, pero Ryutaro era capaz de escuchar el corazón semi humano dentro de ése frío cuerpo, aquello le sacaba una sonrisa. Sus labios fueron acariciados por dedos que parecían temer herir su piel. Yuma se encargó de delinear aquel tibio mentón, quería memorizar el nivel de su calor, siempre quería hacerlo. Entonces deseó memorizarlo también en sus labios, escuchándose el suave roce de la tela cuando levantó la cabeza. Pero las cosas se detuvieron con una de las manos del dragón sobre su pecho. Su mirada había cambiado totalmente, sus ojos estaban abiertos por completo, mostrando sorpresa y miedo. Yuma no lo entendió en el momento, no hasta que el dragón se quitó rápidamente de encima para saltar sobre el humano en un acto desesperado. No podía evitar arquear sus cejas, molesto, pero sabía que no debía decir nada imprudente. Todo lo que Ryutaro había hecho por ése humano le demostraba lo importante que era. Aunque no supiera para qué le sería útil.

No era de extrañar que algunos humanos fuesen capaces de verlos o incluso de invocar criaturas. La voz del dragón lo sacó de sus pensamientos, usando un tono preocupado- No está respirando -le vio tocarle el pecho, ese que se encontraba quieto por la ausencia de oxígeno en sus pulmones. Le era imposible no molestarse, por lo que prefirió apartar la mirada. Ryutaro detestaba tocar cualquier cosa y aun así tocaba al humano como si fuese lo más normal del mundo.

-Si ya ha muerto me desharé de él –sus palabras fueron frías, demostraban sus celos. Se acercó para cumplir con lo dicho, aunque no hubiese sido una orden del otro.

-No. Aún lo siento aquí - Yuma hizo un chasquido con la lengua.

-Ryutaro, no deberías -pero su boca fue callada por los cálidos dedos del dragón.

-Búscalo. Su alma abandonó su cuerpo, pero sé que está por aquí.

-¿Qué te hace pensar que seré capaz de encontrarlo? -Atacó Yuma, sin preocuparse por ocultar la molestia en su tono.

Ryutaro sonrió, y en un acto seductor trazó con los dedos un camino por el mentón frío, bajando lentamente, sintiendo aquel estremecimiento en el cuerpo de Yuma. Su piel era tan desagradablemente fría. Detestaba lo frío, lo húmedo y por sobretodo tocar a otros.

-Porque soy yo quien te lo ordena -de improvisto acercó su rostro para regalarle un suave roce de labios. Ryutaro pensó que con eso sería suficiente, así que se apartó sin esperar más. Pero lo que en realidad tocó sus labios no fueron los contrarios, sino una lengua envuelta en un viscoso y alcalino líquido, tan resbalosa. Dejó un rastro en sus labios sin pudor alguno.

Soportarlo fue casi asqueroso. Las dos sensaciones que más aborrecía atacaban sus labios. Los ojos de Yuma no mostraban rastros de culpabilidad. Los simples juegos de caricias habían acabado, Yuma había cruzado la línea. La satisfacción que enseñaba esa sonrisa, se reflejaba en sus ojos antes de desaparecer en el aire.

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Su visión no era clara. Estaba aturdido y con la boca seca. El vacío en sus entrañas y el escozor en su garganta no le permitían formular ideas coherentes. Pero la sensación de un líquido caliente que bajaba por su cuerpo le asfixiaba, extendiéndose por todas partes como si destrozaran sus huesos. No recordaba nada, sus ojos no le permitían saber aún en donde estaba. Sus oídos eran ensordecidos por un fuerte pitido que oía dentro de su cabeza. Iba a gritar, o eso quiso pero ni su boca fue capaz de abrirse.

Ya no tenía control sobre su propio cuerpo.

Un murmullo se escuchó a lo lejos. Quiso prestar atención y logró escucharlo más cerca. Pestañeó lento intentando ajustar la visión hasta dar con algo blanco. Miró más allá. Mesas y estantes adornaban el lugar, y sobre ellos frascos de distintos colores y formas, cuyo contenido era desconocido para él.

-¡Esto es asombroso! –escuchó un grito lo suficientemente espeluznante como para causarle un escalofrío- Nunca creí encontrar un alma humana dentro de la escuela. Shizuka, ahora tendrás un compañero, ¿no te hace feliz? –La voz seguía atormentándolo. Cuando su vista pudo descender se dio cuenta de la altura a la que estaba. No medía tanto o posiblemente la habitación era más pequeña. Sus músculos faciales fueron capaces de responder a su miedo, y quien lo sostenía en brazos se había percatado de ello, pero el desconocido no borraba la felicidad de su rostro. Era una gran sonrisa acompañada de grandes ojos marrones. Un cabello largo y despeinado casi a la altura de los hombros- Bien, es hora de hacer el trato –Yuto no entendió y tampoco le importó, solo quería saber en dónde estaba y quién era la persona frente a él, pero tampoco pudo comunicarse pues su voz seguían sin salir.

Unas extrañas palabras pronunciadas por el desconocido comenzaron a debilitarle. Su vista volvió a fallar. Buscó a su alrededor con intención de orientarse, entonces y por encima de un notorio lunar, esos ojos de mirada afilada le advirtieron quedarse quieto mientras sentía su cuerpo descender, terminando a la altura del pecho del hombre que seguía hablando en un idioma extraño, pero aún así la mirada del de ojos más pequeños seguía sobre él.

-Tu nombre... -La única puerta fue azotada y una fuerte ventisca húmeda le alejó de las manos del hombre.

-Yaotome – Era una voz ligeramente familiar- Lo siento, pero esa alma me pertenece. No sé cómo llegó aquí -Yuto logró moverse, aprovechando para esconderse tras la pata gruesa de una mesa.

El nombrado volteó asustado por la interrupción. En el momento no lamentó los diferentes frascos que cayeron al piso, mezclando las extrañas sustancias coloridas.

-El perro del presidente -dijo de lo más normal y ahora tranquilo, no importándole si llegaba a ofenderle. Inmediatamente el segundo sujeto en silencio se mostró alerta, anteponiendo su cuerpo frente al hombre de bata blanca llamado Yaotome- Mi querido Shizuka -Yaotome buscó a Yuto y lo sostuvo nuevamente en su mano. Yuto ya no poseía su forma humana, se había convertido en un pequeño fuego fatuo, una luz semi transparente con un centro azulado y redondo. Cuando Nakayama vio aquella llama confirmó lo insignificante que era Yuto.

Los labios del silencioso sujeto se movieron, pero nada salió de ellos. Fue extraño ya que Yaotome sonrió complacido mientras le rodeaba el cuerpo con su única mano libre. Yuma no se incomodó, pero sí estaba inseguro de lo que fuese a suceder. Yaotome era un maestro del Yin-Yang y los cinco elementos, un Onmyoji. Sin olvidar al sujeto frente a él.

-No es negociable. Si ésta alma llegó a mí razones tendrá. -Yaotome se encorvó y cargó el mentón en el hombro del otro sujeto, sintiendo una suave frialdad pero a la que ya estaba acostumbrado.

-Eso no me interesa. Me la llevaré de vuelta aunque no quieras -dijo Yuma sin dejar de mirarles, percibiendo una fuerte brisa. A pesar de golpear sus mejillas ningún efecto tuvo en él, ni siquiera pestañeó. El ataque provino del sujeto frente al Onmyoji- Tus ataques nada pueden hacer contra mí.

-Tal vez, pero no estés tan seguro de eso -dijo Yaotome antes de susurrar al oído del que abrazaba.

~~~ ಥ_ಥ ~~~

No podía dejarle solo, nadie debía ver el cuerpo humano sobre su cama.

-Shin... -susurró. Esperó una respuesta pero no fue complacido- Sé que me escuchas. Necesito que vengas -pero otra vez fue ignorado. Pensó en ir sin más, hasta que las puertas de su balcón fueron azotadas, haciendo crujir el vidrio. La figura de su hermano estaba escondida tras las cortinas de seda que se mecían, él le miraba con cierto rencor. Ryutaro le miró con una sonrisa llena de ternura- No te escondas. Si estás molesto dímelo.

Aunque le diera la opción no era algo que pudiese hacer. Solo era su hermano y Yuma el guardián de Ryutaro, nada haría para romper el lazo entre ellos, pero eso no implicaba que sus celos cesaran.

Ryutaro suspiró- Yuma no ha regresado y me preocupa. Pensaba en ir y dejar a Nakajima contigo -aunque la seda ocultara un poco el rostro de su hermano, notó el desagrado que le causaban sus planes. Hoy sería complaciente... solo por hoy- Pero creo que lo mejor es que tú vayas y lo traigas -Shintaro ensanchó la sonrisa y tan pronto su hermano sonrió, él desapareció.

Continuará...

Supongo que ahora sí se entiende y no se enredan(? Jajajaja

3 comentarios:

dalia801 dijo...

Waooo!! Esta genial!! Me encanto, ansio mucho leer la continuacion *O* la relacion entre yuma y ryutaro, y los sentimientos de shintaro lo hace todo tan emocionante !! Ojala que recuperen a Yuto. Que misterios oculta la llegada de yuto a ese lugar asdasdasdasds que genial!!!! *o*

sury chávez dijo...

Mi aun enredarse un poco xD pero amo como va avanzando este fic que es demasiado interesante *-----* espero contiii pronto n.n

Paoo Inoue dijo...

Shintaro me da un poco de lástima, :c mira que Yuma le gusta mucho y el otro ni cuenta se da (’-’*)
Jajaja por otro lado este Ryutaro siempre me da ñaka ñaka, es bien malote y rudo jajaja
Y.....a quién abrazaba Hikaru?!!!!!!! Pobre Yuto que ya está muerto O口O!

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